La linea es un submundo muy distinto al discrecional (lo que hice al principio). En el discrecional llevas a la gente una vez y no los vuelves a ver nunca más, siempre turistas. Eso conlleva dos cosas, una buena y otra mala. La buena, que al no repetir nunca llevas a muchísima más gente distinta, lo que te ofrece una amplia variedad de especímenes y situaciones, como ya fui explicando en el Diario de un Aeropuerto. La mala, que el único contacto personal que estableces con la gente es puramente efímero, ya que los llevas una vez y no los vuelves a ver nunca más. Al principio intentas ser simpático y charlar con ellos, pero con el tiempo terminas tratándolos como bultos un poco más grandes que sus maletas, con algunas excepciones (como los italianos, que parece que lleven a la suegra dentro del equipaje ¬¬). Sólo pones buena cara y cumples con las formalidades y el protocolo (buscando la propina, no nos engañemos).
La linea es distinta... En realidad combinas las dos cosas, si tienes la "suerte" de trabajar por la costa. En verano llevas a turistas pobres (los que usan transporte público, está claro), que uno nunca se dejará de sorprender de lo fácilmente que le levantan la cartera los chorizos en las paradas cuando estas están muy pobladas, aunque ese es otro tema... Y aparte también llevas a los lugareños residentes, los cuales suelen coger el bus con bastante frecuencia a lo largo de todo el año.
Eso tiene lo bueno que le falta al discrecional, y es que al repetir mucha gente, encuentras gente maja con la que coges confianza y buen rollo, pudiendo encontrar amistad y porqué no, quizás algo más. Pero eso es un arma de doble filo, porque también llegas a encontrar gente rematadamente gilipollas, que no te queda más remedio que aguantar un día, otro día, y otro día... Y no te queda más remedio que aguantarte.
Normalmente lo bueno compensa lo malo. Te pones delante una balanza imaginaria, y lo bueno suele pesar al menos un poco más que lo malo, lo que mantiene el equilibrio en tu estado emocional y así permanece dormido el instinto asesino que todo chófer lleva dentro. Hoy ha sido una excepción.
Habitualmente trabajo por la costa, pero esta semana y la próxima me han mandado a cubrir las vacaciones de un chófer en una línea que podría comparar con la Milla Verde, y no se la desearía ni a mi peor enemigo. Me gusta llamar mi situación actual como:
EXILIO EN LA MALLORCA PROFUNDA
Se trata de un bus lanzadera, que vendría a ser algo que intenta prolongar el recorrido del tren en otras ramas en las que no hay vías ni vagones... Usease, que el bus se pasa todo el puto día haciendo idas y venidas sin parar entre 4 pueblos que vendrían a estar situados donde Cristo perdió la chancleta, y la estación de tren más cercana. Trayectos de 20 minutos. Superdiver, vamos.
Pero lo más interesante es la fauna del lugar. Turistas? Qué es eso? El único que puede aparecer es algún perdido que te pregunta por la Puerta del Sol... Aquí el tráfico humano se reduce a inmigrantes que vienen de la capital por la mañana para trabajar en el campo y vuelven por la tarde, cuatro abuelas que se van a Palma a marujear, y cuatro zumbaos que se ve que ya no los aguantan en casa y les dan 4 leuros para que se vayan con el bus a pasear a otro sitio... Que los aguante el chófer, no? Hijos de puta...
En fin, que si unimos todas las cosas raras que me pasan con la gente que llevo con las cosas raras que me encuentro por los puebluchos que recorro, hacen un coctel explosivo que se reduce mayormente a un coñazo de línea, con puntazos de días como el de hoy, lo que te empuja inexorablemente a un sentimiento abrumador de depresión y un deseo creciente de suicidio, previo asesinato en masa, que te obliga cada mañana a preguntarte si vale la pena levantarse. Porque hoy, por ejemplo, ha hecho un bonito día para sucidarse.
Cuando he salido por la mañana con el minibus ya he visto algo que me ha dado mal rollo, y es que en una calle de Sta Eugenia por la que tengo que pasar todo el día en la que sólo se puede aparcar en la izquierda y el bus pasa justito por el otro lado, me he encontrado un coche aparcado en... sí, la derecha. No problem, en la izquierda no hay coches, así que puedo pasar. Pero el día es muy largo. Y no sabía cuanto lo iba a ser...
Después de un par de vueltas aburridas y con poco movimiento, me dispongo a dar la última de la mañana antes de ir a comer cuando al llegar a Sencelles me encuentro delante un montón de alboroto. Veo un tractor con dos enormes balas de paja y mucha gente encima, alrededor de una trentena de mobiletes y detrás una furgoneta pequeña de las que nacieron blancas y ahora son marrones para siempre con cerca de una docena de personas dentro, unos y otros armados con pistolitas de agua y circulando a 10 km/h. Es la fiesta de los Quintos. Paciencia, aguantaremos detrás hasta que se vayan a donde tengan que ir o a tomar por culo con las balas de paja. Qué majos con las pistolitas... Porqué no os disparáis en el orto?
Bueno, al final se desviaron en una calle por lo que pude seguir mi recorrido con normalidad. Venga, que me quiero ir a comer, así que a Sta Eugenia. Y... sorpresa. Me olvidaba de ese maldito coche mal aparcado. Ya me acuerdo, igual que de la madre del dueño. Han aparcado coches al otro lado, así que el bus no cabe. A llamar a la oficina para que llamen a los municipales.
- Policía local en Sta Eugenia? Si quieres pruebo a llamar al barrendero...
- Joder, pero si en Sencelles hay dos policías locales, y no es más grande que Sta Eugenia
- Ya, pero los policías de Sencelles son de broma... Bueno, veré si puedo hacer algo.
A lo mejor no me dijo exactamente eso, pero seguro que lo pensaba, pude notarlo en el tono de su voz... Pero bueno, tras más de 20 minutos de espera y darme cuenta con total seguridad de que la gente que llevaba iba a perder el tren conseguí localizar no al dueño del coche mal aparcado, sinó a los dos que estaban bien aparcados al otro lado, que amablemente los retiraron para que pudiera pasar. En fin, paciencia. Me iré un poco más tarde a comer, pero no pasa nada.
Yo pensaba que eso iba a quedar como la anécdota del día, pero no, no iba a ser más que el principio... Después de comer vuelvo al bus y me dirijo a Costix para retomar el trabajo y dar las dos últimas vueltas del día. O esa era la intención.
Estoy pasando por Sencelles y, oh, los putos Quintos... Mucha gente, y en consecuencia, muchos coches. Al llegar al final de una subida me encuentro coches aparcados a ambos lados dejando el sitio justo para que pase un coche, y por supuesto el bus no pasa. Otra vez atascado. Con lo bien que se está en paro...
A bajar toda la calle marcha atrás, y encima al meter esa marcha se activa en el bus un pitido intermitente que te taladra la cabeza, lo que acentúa tu estado de nerviosismo hasta niveles insospechados. Pero sorpresa, al llegar abajo me encuentro a dos policías locales, que se ofrecen amablemente a custodiarme por la otra calle que cruza el pueblo, la cual tendré que recorrer en dirección prohibida (sí, el puto pueblo sólo tiene dos calles que la cruzan).
Vale, otro problema solventado. Llego bien de tiempo a Costix para retomar la línea, espero que pueda terminar la tarde en paz.
(Nota mental: Nunca más esperar nada. No en esta linea)
Me pongo en la parada de Costix a menos de 5 minutos para salir, cuando veo llegar corriendo un crío que se para al lado de mi ventanilla. Yo imagino que querrá venir en el bus, así que abro la puerta. Era un niño que debía tener unos 10 años, que además de cara de gilipollas, tenía también un ojo mirando a levante y el otro a poniente, y le faltaban un par de dientes. Rapidamente descubrí que también le faltaban un par de tuercas. El niño se puso delante, depie a mi lado, manoseando nerviosamente el salpicadero, cuando mirándome (supongo) inició una conversación que podría calificar de "psicotrópica". No podré garantizar la veracidad de esta conversación hasta que le pregunte a mi madre si le echó algo raro a las berenjenas.
Transcribo literalmente la conversación. Habéis visto Los Chicos del Maiz? Pues igualito, oye...
- Tú quién eres?
- Juan
- Ah... Tienes el aire encendido
- Ya, porque hace calor
- Pues cierra la puerta
- ò.Ó ... (Qué majo el crío... Dan ganas de sacarlo de una patada en la cabeza...)
- Te vas ya?
- En dos minutos (Y qué laaaargos se me van a hacer)
- Volverás?
- Sí
- Y apagarás el aire?
- ¬¬ ... Sí...
- Ah...
- Mira, porqué no te bajas? Voy a cerrar la puerta, que me tengo que ir
El niño se baja corriendo, que alivio... Cierro, pero ante mi sorpresa(?) se planta otra vez al lado de mi ventanilla... Y claro, empieza a manosearla... Porqué estoy abriendo la ventanilla? Bueno, sólo un palmito, que me da miedo el crío... Sí, me da miedo un puto niño de 10 años, qué pasa?
- No te vas?
- (pffff... Respira, respira) Sí, en un minuto
- Volverás?
- Pues mira, ya no lo sé
- Te daré masajes
- Qué?
- Te daré masajes
- Emmmm... Mira, no, gracias, estoy bien. Va, quita las manos de ahí que voy a cerrar la ventana, que me voy ya...
Yo aún estoy alucinando, porque parecía como si estuviera en uno de esos rituales indios en los que se ponen hasta el culo de fumar la pipa de la paz y hablan con espíritus ancestrales que intentan darles un mensaje importantísimo, pero siempre con un lenguaje en clave muy chungo que nunca entienden hasta el final de la peli... Aunque la verdad, yo sigo sin entenderlo... Lo de los masajes tendría algún doble sentido?
Estoy en Inca, y tengo miedo. Voy a volver a Costix, y seguro que está el niño demoníaco ese esperándome. Fijo que cuando me vea le empieza a dar vueltas la cabeza mientras agita sus dedos hacia mí gritando "masaaaajeeeee"... Qué mensaje oculto estará intentando transmitirme?
Coño! Mientras esperaba en la parada de Inca le han dado un balonazo al minibus. Hay 3 niñatos de mierda de poco más de 20 años (de los apodados como killos, kinkis, pastilleros, flipaos, entre otras muchas nomenclaturas varias) jugando con una puta pelotita. Me quedo mirando un momento con cara de mala leche, pero no digo nada y vuelvo a mirar al frente. Pero uno de ellos me ha visto mirarles y no le habrá hecho gracia, porque coge la pelota y la tira bombeada hacia el bus, aunque por suerte para él no le ha llegado a dar. Juan, respira hondo y pasa. Piensa que tienes un niño esperándote en Costix con un mensaje muy importante para ti.
Llego a Costix y para mi alivio no veo el crío, aunque tengo que esperar 5 minutos antes de salir. Apago el motor y el aire acondicionado. El sol pega de frente, pero no hay dolor. Resulta gracioso verme escondido en la parte trasera del bus durante esos 5 laaargos minutos... No apareció, pero algo me dice que lo volveré a ver esta semana...
En fin, última vuelta... Ahora ya me acuerdo antes de salir del puto coche mal aparcado en Sta Eugenia, de la madre de su dueño, de sus 20 generaciones anteriores, del puta madre del niño de los cojones, y del primer cabrón al que se le ocurrió saltarse la norma que impuso Dios con tan buen criterio sobre lo de descansar los domingos...
Llego al coche y cómo no, han vuelto a aparcar al otro lado... Pero bueno, en esta ocasión consigo pasar, a un dedito por cada lado, pero todo sea por terminar lo antes posible esta terrible jornada laboral...
El resto de la jornada culminó sin más problemas, por suerte. Ya ha estado bien por hoy, he conseguido superar el deseo de suicidio. Pero me queda una semanita más haciendo esta línea, visitando costix 7 veces diarias.
Mañana tengo que acordarme de meter música clásica en el móvil y una caja de Valerianas en la mochila...
Yo pensaba que eso iba a quedar como la anécdota del día, pero no, no iba a ser más que el principio... Después de comer vuelvo al bus y me dirijo a Costix para retomar el trabajo y dar las dos últimas vueltas del día. O esa era la intención.
Estoy pasando por Sencelles y, oh, los putos Quintos... Mucha gente, y en consecuencia, muchos coches. Al llegar al final de una subida me encuentro coches aparcados a ambos lados dejando el sitio justo para que pase un coche, y por supuesto el bus no pasa. Otra vez atascado. Con lo bien que se está en paro...
A bajar toda la calle marcha atrás, y encima al meter esa marcha se activa en el bus un pitido intermitente que te taladra la cabeza, lo que acentúa tu estado de nerviosismo hasta niveles insospechados. Pero sorpresa, al llegar abajo me encuentro a dos policías locales, que se ofrecen amablemente a custodiarme por la otra calle que cruza el pueblo, la cual tendré que recorrer en dirección prohibida (sí, el puto pueblo sólo tiene dos calles que la cruzan).
Vale, otro problema solventado. Llego bien de tiempo a Costix para retomar la línea, espero que pueda terminar la tarde en paz.
(Nota mental: Nunca más esperar nada. No en esta linea)
Me pongo en la parada de Costix a menos de 5 minutos para salir, cuando veo llegar corriendo un crío que se para al lado de mi ventanilla. Yo imagino que querrá venir en el bus, así que abro la puerta. Era un niño que debía tener unos 10 años, que además de cara de gilipollas, tenía también un ojo mirando a levante y el otro a poniente, y le faltaban un par de dientes. Rapidamente descubrí que también le faltaban un par de tuercas. El niño se puso delante, depie a mi lado, manoseando nerviosamente el salpicadero, cuando mirándome (supongo) inició una conversación que podría calificar de "psicotrópica". No podré garantizar la veracidad de esta conversación hasta que le pregunte a mi madre si le echó algo raro a las berenjenas.
Transcribo literalmente la conversación. Habéis visto Los Chicos del Maiz? Pues igualito, oye...
- Tú quién eres?
- Juan
- Ah... Tienes el aire encendido
- Ya, porque hace calor
- Pues cierra la puerta
- ò.Ó ... (Qué majo el crío... Dan ganas de sacarlo de una patada en la cabeza...)
- Te vas ya?
- En dos minutos (Y qué laaaargos se me van a hacer)
- Volverás?
- Sí
- Y apagarás el aire?
- ¬¬ ... Sí...
- Ah...
- Mira, porqué no te bajas? Voy a cerrar la puerta, que me tengo que ir
El niño se baja corriendo, que alivio... Cierro, pero ante mi sorpresa(?) se planta otra vez al lado de mi ventanilla... Y claro, empieza a manosearla... Porqué estoy abriendo la ventanilla? Bueno, sólo un palmito, que me da miedo el crío... Sí, me da miedo un puto niño de 10 años, qué pasa?
- No te vas?
- (pffff... Respira, respira) Sí, en un minuto
- Volverás?
- Pues mira, ya no lo sé
- Te daré masajes
- Qué?
- Te daré masajes
- Emmmm... Mira, no, gracias, estoy bien. Va, quita las manos de ahí que voy a cerrar la ventana, que me voy ya...
Yo aún estoy alucinando, porque parecía como si estuviera en uno de esos rituales indios en los que se ponen hasta el culo de fumar la pipa de la paz y hablan con espíritus ancestrales que intentan darles un mensaje importantísimo, pero siempre con un lenguaje en clave muy chungo que nunca entienden hasta el final de la peli... Aunque la verdad, yo sigo sin entenderlo... Lo de los masajes tendría algún doble sentido?
Estoy en Inca, y tengo miedo. Voy a volver a Costix, y seguro que está el niño demoníaco ese esperándome. Fijo que cuando me vea le empieza a dar vueltas la cabeza mientras agita sus dedos hacia mí gritando "masaaaajeeeee"... Qué mensaje oculto estará intentando transmitirme?
Coño! Mientras esperaba en la parada de Inca le han dado un balonazo al minibus. Hay 3 niñatos de mierda de poco más de 20 años (de los apodados como killos, kinkis, pastilleros, flipaos, entre otras muchas nomenclaturas varias) jugando con una puta pelotita. Me quedo mirando un momento con cara de mala leche, pero no digo nada y vuelvo a mirar al frente. Pero uno de ellos me ha visto mirarles y no le habrá hecho gracia, porque coge la pelota y la tira bombeada hacia el bus, aunque por suerte para él no le ha llegado a dar. Juan, respira hondo y pasa. Piensa que tienes un niño esperándote en Costix con un mensaje muy importante para ti.
Llego a Costix y para mi alivio no veo el crío, aunque tengo que esperar 5 minutos antes de salir. Apago el motor y el aire acondicionado. El sol pega de frente, pero no hay dolor. Resulta gracioso verme escondido en la parte trasera del bus durante esos 5 laaargos minutos... No apareció, pero algo me dice que lo volveré a ver esta semana...
En fin, última vuelta... Ahora ya me acuerdo antes de salir del puto coche mal aparcado en Sta Eugenia, de la madre de su dueño, de sus 20 generaciones anteriores, del puta madre del niño de los cojones, y del primer cabrón al que se le ocurrió saltarse la norma que impuso Dios con tan buen criterio sobre lo de descansar los domingos...
Llego al coche y cómo no, han vuelto a aparcar al otro lado... Pero bueno, en esta ocasión consigo pasar, a un dedito por cada lado, pero todo sea por terminar lo antes posible esta terrible jornada laboral...
El resto de la jornada culminó sin más problemas, por suerte. Ya ha estado bien por hoy, he conseguido superar el deseo de suicidio. Pero me queda una semanita más haciendo esta línea, visitando costix 7 veces diarias.
Mañana tengo que acordarme de meter música clásica en el móvil y una caja de Valerianas en la mochila...

3 comentarios:
Juer tio, que curioso lo del niño de Costitx verdad?
Por cierto, yo tambien me encontre con la dichosa fiestecita en Sencelles, y la policia local (dos crios en una citroen berlingo, nunca habia visto un coche policial mas cutre, y por lo que relatas en tu post deben ser los unicos del pueblo), me "invitan" a dar marcha atras casi un kilometro por un carreterucha para poder llegar por otro camino a Sencelles.
joder, es casi peor que aquella vez que en los vateres de El corte inglés un tío me preguntó si follaba...
no, miento, fue peor lo mio porque se puso a mear mirando para mi como para que le viese la polla...
Joder Deschain... Tendrías que haberle dicho que por lo que veías, él no debía follar mucho xD
Quique... Al menos hay algo, porque en Sta Eugenia... Mi jefe me ha dicho hoy que estuvo llamando todo el día y nadie cogía el teléfono xD
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